Your Health

Unos científicos 'reescriben' los malos recuerdos en los ratones

Unos científicos 'reescriben' los malos recuerdos en los ratones

La manipulación de las neuronas puede cambiar las emociones negativas en positivas, afirman unos investigadores

MIÉRCOLES, 27 de agosto de 2014 (HealthDay News) -- Alguien a quien han atracado en un oscuro callejón probablemente nunca desee volver allí, al haber asociado esa ubicación con el miedo de ser atacado.

Pero unos neurocientíficos que trabajaron con ratones dijeron que han descubierto el circuito cerebral que controla la forma en que los recuerdos se vinculan con las emociones positivas y negativas. Y en pruebas con los roedores, manipularon las neuronas para revertir las emociones vinculadas a un recuerdo.

En esencia, hicieron que ratones renuentes desearan a volver a ese callejón, al reemplazar sus emociones negativas con emociones positivas a través de la estimulación de una región clave para la memoria en el cerebro.

Los hallazgos explican lo que sucede dentro del cerebro cuando la psicoterapia ayuda a una persona a salir de la depresión, afirmó el investigador principal, Susumu Tonegawa, director del Centro de la Genética de los Circuitos Neurales RIKEN-MIT del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) en Cambridge, Massachusetts.

"El psiquiatra habla con el paciente que sufre de depresión e intenta hacerle recordar los recuerdos positivos que han tenido en el pasado", dijo Tonegawa. "Parece que eso reduce el efecto de los malos recuerdos que han tenido o del estrés muy potente que han sufrido. Pero a menos que se observe dentro del cerebro, no se puede decir qué subyace a esa conducta".

Cuando las personas crean ciertos recuerdos, guardan bastante contexto junto con el recuerdo en sí, explicó. "La información de memoria almacenada no es solo lo que ocurrió, sino también el contexto en que ocurrió el evento", dijo Tonegawa. Parte del contexto incluye la forma en que la persona se sintió respecto al evento.

Mostrar que el contexto de los recuerdos negativos se puede cambiar es promisorio, afirmó el Dr. Paul Sanberg, profesor de neurociencias de la Universidad del Sur de Florida, en Tampa. "Si podemos aprovechar esa información y llevarla más allá, quizá podamos obtener nueva información clínica", dijo.

La región del cerebro que crea esos vínculos emocionales podría resultar ser un objetivo útil para nuevos medicamentos y terapias que busquen tratar trastornos como la depresión y la ansiedad, planteó Sanberg.

Pero los hallazgos, que aparecen en la edición del 28 de agosto de la revista Nature, tendrían que replicarse en seres humanos antes de que puedan influir sobre la práctica clínica.

Los investigadores buscaban descubrir qué estructuras cerebrales son responsables de vincular los recuerdos y las emociones usando ratones de laboratorio con implantes de fibra óptica en el cerebro. A través de una técnica conocida como optogenética, los investigadores usaron luz láser para estimular partes del cerebro de un ratón.

Se enfocaron en dos partes del cerebro: la amígdala, que procesa la emoción, y el giro dentado del hipocampo, donde se almacena gran parte del contexto y los detalles de un recuerdo. El contexto incluye información sobre el lugar en que sucedió un evento.

Primero, se condicionó a ratones machos con unos recuerdos aterradores a través de pequeños choques eléctricos, o con recuerdos de recompensa mediante una interacción con una ratona. Las neuronas asociadas con ese contexto emocional se localizaban en el giro dentado, hallaron los investigadores.

Dos días más tarde, los ratones fueron colocados en un gran terreno. Los investigadores registraron qué mitad del terreno los ratones preferían de forma natural, y entonces comenzaron a estimular las células del giro dentado con luz a medida que los ratones andaban por el terreno.

Los ratones condicionados con el miedo recibieron estimulación de la memoria siempre que se hallaban en el lado que preferían naturalmente, y pronto comenzaron a evitar esa área. Por otro lado, los ratones con recuerdos felices recibieron estimulación cuando se dirigían hacia el área que preferían menos, y terminaron sintiéndose mejor respecto a esa ubicación y pasaban más tiempo allí, halló el estudio.

Entonces, los investigadores intentaron revertir las respuestas emocionales almacenadas en los cerebros de los roedores. En los ratones machos con el condicionamiento de miedo, los investigadores activaron con luz las células de memoria involucradas en el recuerdo aterrador mientras los ratones pasaban un momento placentero con las ratonas. En los ratones que habían recibido al principio el condicionamiento de recompensa, las células de la memoria se activaron mientras recibían choques eléctricos leves.

La inversión funcionó, y los ratones terminaron cambiando al lado del terreno que preferían cuando sus memorias fueron estimuladas con luz.

Los intentos subsiguientes de alterar los recuerdos emocionales a través de la manipulación de la amígala no funcionaron, lo que sugiere que las emociones están programadas en las células individuales dentro de la amígdala, anotaron los estudios.

El Dr. Scott Turner, profesor de neurología de la Universidad de Georgetown, dijo que comprender la forma en que la memoria y la emoción se interrelacionan podría ser clave para tratar a las personas con trastorno por estrés postraumático (TEPT).

"Si se pudieran hallar formas para revertir la [emoción] asociada con un recuerdo en particular de forma que no sea tan negativo, se podría ayudar a esas personas que sufren de recuerdos estresantes", planteó Turner. "Obviamente, aún falta un largo camino por recorrer, dado que este estudio se realizó con ratones".

Más información

Para más información sobre la optogenética, visite el Instituto de Tecnología de Massachusetts (http://video.mit.edu/watch/optogenetics-controlling-the-brain-with-light-7659/ ).

Artículo por HealthDay, traducido por HolaDoctor.com (http://holadoctor.com )

© Derechos de autor 2014, HealthDay

logo

FUENTES: Susumu Tonegawa, Ph.D., director, RIKEN-MIT Center for Neural Circuit Genetics, Massachusetts Institute of Technology's Picower Institute for Learning and Memory, Cambridge, Mass.; Paul Sanberg, Ph.D., professor, neuroscience, University of South Florida, Tampa, Fla.; R. Scott Turner, professor, neurology, and director, memory disorders program, Georgetown University, Washington, D.C.; Aug. 28, 2014, Nature