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¿Un análisis sanguíneo podría predecir el riesgo de suicidio?

¿Un análisis sanguíneo podría predecir el riesgo de suicidio?

Ciertos cambios químicos basados en los genes parecen acompañar a la conducta suicida, halla un estudio

MIÉRCOLES, 30 de julio de 2014 (HealthDay News) -- Un sencillo análisis de sangre podría contener pistas sobre si una persona está en riesgo de suicidio, sugiere un estudio reciente.

Unos cambios químicos en un gen que tiene que ver con la respuesta del cerebro a las hormonas del estrés podrían ayudar a fomentar los pensamientos y las conductas suicidas, explicaron los autores del estudio. Detectar esos cambios en una muestra de sangre podría ayudar a alertar a los médicos sobre el riesgo de suicidio de un paciente, apuntaron.

"El suicidio es un importante problema de salud pública que se puede prevenir, pero nuestros esfuerzos de prevención se han visto impedidos porque no contamos con una forma consistente de predecir quién está en un mayor riesgo de suicidarse", señaló en un comunicado de prensa de la Universidad Johns Hopkins el investigador líder del estudio, Zachary Kaminsky, profesor asistente de psiquiatría y ciencias conductuales en la Facultad de Medicina de la universidad.

"Con una prueba como la nuestra, quizá podamos controlar las tasas de suicidio al identificar a esas personas e intervenir lo bastante pronto como para evitar la catástrofe", planteó.

En el estudio, que fue financiado en parte por el Instituto Nacional de la Salud Mental de EE. UU., los investigadores analizaron unas mutaciones genéticas en un gen conocido como SKA2. Como explicaron los investigadores, el gen SKA2 se expresa en una parte del cerebro que es responsable de bloquear los pensamientos negativos y controlar la conducta impulsiva. El gen también es esencial para mover unos receptores de la hormona del estrés que suprimen la liberación del cortisol, la "hormona del estrés", por todo el cerebro.

Si el SKA2 cambia de alguna forma, esos receptores de la hormona del estrés no pueden realizar su función, apuntó el equipo de Kaminsky. Estudios anteriores han mostrado que la liberación del cortisol con frecuencia no funciona de forma adecuada en las personas que piensan en suicidarse o que lo intentan, explicaron los investigadores.

Tras comparar los cerebros de los pacientes con enfermedad mental con los cerebros de personas sanas, los investigadores hallaron que las que se suicidaron tenían unos niveles de SKA2 significativamente más bajos.

Dentro de esa mutación genética común, el estudio también reveló que algunos de los pacientes tenían un cambio en el gen que alteraba la forma en que funcionaba. El cambio conllevaba la adición de unas sustancias químicas conocidas como grupos metilos al gen. Unos niveles más altos de esa sustancia también se hallaron en los pacientes que se habían suicidado. Los investigadores confirmaron este hallazgo con dos estudios cerebrales adicionales.

También se analizaron tres conjuntos distintos de muestras de sangre de 325 pacientes que participaron en el Estudio del Centro de Investigación en Prevención Johns Hopkins. Los investigadores hallaron unos cambios químicos similares en el SKA2 en las personas con pensamientos o conductas suicidas.

Según sus hallazgos, los investigadores pudieron diseñar un análisis sanguíneo para predecir cuáles participantes tenían pensamientos suicidas o habían intentado suicidarse, con una certidumbre del 80 por ciento. El análisis fue incluso más preciso entre los que tenían unos pensamientos o unas conductas suicidas más graves. En esos casos, el análisis pudo predecir su riesgo con una certidumbre del 90 por ciento. En las personas más jóvenes, el análisis sanguíneo identificó a los participantes que habían intentado suicidarse en algún momento con una precisión del 96 por ciento.

Dos expertos mostraron cierto optimismo ante los hallazgos.

El Dr. Alan Manevitz, psiquiatra clínico del Hospital Lenox Hill en la ciudad de Nueva York, aseguró que el estudio era "interesante y promisorio" pero añadió que "se trata de un estudio muy preliminar que se basa en una serie de muestras pequeñas, y se necesitan más estudios".

"Es difícil creer que algo tan complejo como el suicidio se podría atribuir a un solo gen como predictor del riesgo de intentos de suicidio", comentó. "Aunque sea promisorio, cualquier hallazgo genético amerita replicación con unas muestras sustancialmente más grandes de la población, para descartar hallazgos espurios".

El Dr. Jeffrey Borenstein, presidente de la Brain & Behavior Research Foundation en la ciudad de Nueva York, anotó que "más personas mueren por el suicidio que por homicidio. Una prueba que pueda identificar mejor a las personas en riesgo de suicidarse tiene un potencial tremendo".

Considera que "si este hallazgo se confirma, ayudaría a garantizar que las personas que están en riesgo reciban el tratamiento que necesitan".

Un análisis sanguíneo para predecir el riesgo de suicidio podría ser particularmente beneficioso para su uso entre los militares, anotó el equipo de Kaminsky, para vigilar de cerca a los que están en el mayor riesgo cuando regresen del despliegue.

Los médicos de las salas de emergencias también podrían usar la prueba como parte de su evaluación del nivel de riesgo de suicidio de los pacientes, señaló el equipo.

"Hallamos un gen que creemos que podría ser realmente importante para identificar una gama de conductas, desde pensamientos suicidas a los intentos de suicidio y a la consumación del suicidio, de forma constante", anotó Kaminsky. "Debemos estudiar esto en una muestra más grande, pero creemos que quizá seamos capaces de monitorizar la sangre para identificar a los que están en riesgo de suicidio".

Más información

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EE. UU. ofrece más información sobre los factores de riesgo del suicidio (http://www.cdc.gov/violenceprevention/suicide/riskprotectivefactors.html ).

Artículo por HealthDay, traducido por HolaDoctor.com (http://holadoctor.com )

© Derechos de autor 2014, HealthDay

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FUENTE: Jeffrey Borenstein, M.D., president and CEO, Brain & Behavior Research Foundation, New York City; Alan Manevitz, M.D., clinical psychiatrist, Lenox Hill Hospital, New York City; Johns Hopkins University School of Medicine, news release, July 30, 2014